martes, 16 de diciembre de 2014

Alegoría del carruaje

Mirando hacia la derecha me sobresalta un movimiento brusco del carruaje.

Miro el camino y me doy cuenta de que estamos transitando por la banquina.
Le grito al cochero que tenga cuidado e inmediatamente él retoma la senda.
No entiendo cómo se ha distraído tanto como para no notar que dejaba la huella.

Giro mi cabeza hacia la izquierda para hacerle una señal a mi compañero de ruta y dejarle saber que todo está en orden....pero no lo veo.

El sobresalto ahora es intenso, nunca antes nos habíamos perdido en ruta.
Desde siempre, no nos habíamos separado ni por un momento.

Era un pacto sin palabras.
Nos deteníamos si el otro se detenía.
Acelerábamos si el otro apuraba el paso.
Tomábamos juntos algún desvío si cualquiera de los dos decidía hacerlo.
Y ahora ha desaparecido.
De repente no está a la vista.

Me asomo infructuosamente observando el camino hacia ambos lados.
No hay caso.
Le pregunto al cochero y me confiesa que desde hace un rato dormitaba en el pescante. Argumenta que, de tanto andar acompañados, muchas veces alguno de los dos cocheros se dormía por un ratito, confiando en que el otro se haría vigía del camino.
Cuantas veces los caballos mismos dejaban de imponer un ritmo propio para cabalgar al que imponían los caballos del carruaje de al lado.

Eramos como dos personas guiadas por un mismo deseo, como dos individuos con un único intelecto, como dos seres habitados en un solo cuerpo.

Y de repente,
La soledad,
El silencio,
El desconcierto....
¿Se habría accidentado mientras yo distraído no miraba?
Quizás los caballos habían tomado el rumbo equivocado aprovechando que ambos cocheros dormían...
Quizás el carruaje se había adelantado sin siquiera notar nuestra ausencia y proseguía su marcha más adelante en el camino.
Me asomo una vez por la ventanilla y grito:

¡¡¡HOLA!!!

Espero unos segundos y le repito al silencio:

¡¡¡HOOOOLAAAAA!!!

Y aún una vez más

¿¿¿¿DONDE ESTAS???

Ninguna respuesta.
¿Debería volver a buscarlo...sería mejor quedarme y esperar que llegue...o más bien debería acelerar el paso para volver a encontrarlo mas adelante?

Nunca me había planteado estas decisiones
Pero ahora...

El temor de que estuviera extraviado y la preocupación de que algo le haya pasado van dejando lugar a una emoción diferente.

¿Y si hubiera decidido no seguir conmigo?

Después de un tiempo me doy cuenta de que por mucho que lo espere nunca volverá.
Por lo menos no a este lugar.

La opción es seguir o dejarme morir aquí.
Dejarme morir.
Me tienta esa idea.

Desengancho los caballos y le pido al cochero que se aleje.
Los miro; carruaje, cochero, caballos, yo mismo...

Así me siento, dividido, perdido, destrozado.
Mis pensamientos por un lado, mis emociones por otros, mi cuerpo por otro, mi alma, mi conciencia de mi mismo, allí paralizada.

Levanto la vista y miro el camino hacia adelante.
Desde donde estoy el paisaje parece un pantano.
Unos metros adelante la tierra se vuelve un lodazal.
Cientos de charcos y barriales me muestran que el sendero que sigue es resbaladizo...

No es la lluvia lo que ha empapado la tierra.
Son las lágrimas de todos los que pasaron antes por este camino mientras iban llorando una pérdida.

También las mías, creo...pronto mojarán el sendero...

Extracto del libro EL CAMINO DE LAS LAGRIMAS de Jorge Bucay

Y lo dije desde un inicio, esto no es un compendio de fotos de como construir un avión experimental.
O de como intento bien o mal, hacerlo.
Es bastante más; ideas, errores, anécdotas y la vida misma.
La vida misma...y la muerte que trae aparejada.
Mi ayudante, mi hijo, a fallecido el jueves pasado.
No importan aquí los detalles.
Importa demostrarme a mi mismo teniéndolos a ustedes como testigos involuntarios, que aún el eterno dolor que me embarga hoy, tendré la fortaleza para continuar y terminar lo que hemos empezado.
Lo empecé con él. Lo terminaré por él.

Gracias hijo y hasta siempre - Fede